Biografías       José Raúl Capablanca (1888-1942)


Tercer Campeón del Mundo oficial tras Steinitz y Lasker, fue conocido como la máquina del ajedrez, aunque también le llamaban, por otros motivos, el Playboy.

José Raúl Capablanca y Graupera nació el 19 de Noviembre de 1888 en La Habana, Cuba. Aprendió muy pronto a jugar al ajedrez, a la edad de 4 años, y a los 12 años ganó un match contra el campeón de Cuba Juan Corzo.

A los 13 años participó por primera vez en el Campeonato nacional cubano, alcanzando el 4º puesto. Dos años después, un industrial que pensaba que Capablanca tenía un excelente porvenir como hombre de negocios (!), se convirtió en su mecenas y lo envió a estudiar a los Estados Unidos, a la Universidad de Columbia. Pero la pasión de José era el ajedrez y allí, muy cerca de donde cursaba sus estudios, se encontraba el famoso Manhattan Chess Club, donde jugaban los mejores ajedrecistas del área de Nueva York, incluyendo al por entonces Campeón del Mundo, Emanuel Lasker.

Capablanca pasaba más tiempo jugando contra Lasker que el que dedicaba a sus estudios, por lo que la financiación de su mecenas se terminó en 1908, cuando contaba con 19 años, y se vió en la tesitura de tener que volver a Cuba o malvivir en los Estados Unidos sin recursos propios. Durante unos meses permaneció allí a cargo de sus padres mientras buscaba una oportunidad, que no tardó en llegar cuando el Campeón de los Estados Unidos, Frank Marshall, le ofreció enfrentarse a él. La victoria de Capablanca fue tan rotunda que Marshall quedó impresionado y se las arregló para que su joven rival fuera invitado al fortísimo torneo de San Sebastián en 1911. Sorprendentemente para todos, pues era su primera participación en un torneo de categoría, ganó Capablanca y esto le llevó a crecerse y a retar nada menos que al Campeón del Mundo.

Pero en aquella época no existía un torneo de candidatos ni nada que se le pareciera, y el Campeón del Mundo elegía a sus rivales e imponía sus condiciones. Las que puso Lasker para enfrentarse a Capablanca le parecieron a éste inaceptables, por lo que tuvo que esperar aún 10 años para ganar el título mundial.

En 1913 Capablanca fue oficialmente reconocido en su país, otorgandosele el pomposo título de Embajador Extraordinario y Plenipotenciario General del Gobierno de Cuba, lo que entre otras cosas, llevaba consigo un no menos pomposo sueldo del gobierno cubano.

En cualquier caso, Capablanca hizo honor a su título de embajador y paseó el nombre de Cuba, unido a sus victorias, por todo el mundo.

Al año siguiente participó, junto a Lasker, en el Torneo de San Petersburgo, que fue ganado por este último con medio punto de ventaja sobre Capablanca. Este torneo sirvió a ambos para reflexionar sobre sus posibilidades. Por una parte, Capablanca, que 3 años antes había retado a Lasker para el Campeonato Mundial, se dio cuenta de que su rival era más fuerte de lo que pensaba y que necesitaba mejorar su juego si quería tener realmente aspiraciones. También Lasker tomó buena nota del 2º puesto del cubano y comenzó a tenerle más respeto del que hasta entonces le profesaba.

Tan en serio se planteó Capablanca su juego, que en los siguientes 10 años sólo perdió una partida. Ganó brillantemente los Torneos de Nueva York de 1914, 1915, 1916 y 1918 y fue entonces cuando comenzó a llamarsele la máquina del ajedrez. Nadie parecía poder ganarle, ni siquiera el Campeón del Mundo. Cuando nuevamente retó a Emanuel Lasker, éste sencillamente ¡abandonó el título y se lo cedió a Capablanca!

Sin embargo, esto no gustó al mundillo ajedrecístico y hubo clamor y una bolsa de 25.000 dólares para que ambos jugadores se enfrentaran con el título mundial en juego. Lasker accedió y por fin se celebró el esperado encuentro en La Habana en 1921. El resultado fue de 4 victorias y 10 tablas a favor de Capablanca. Nunca el Campeón del Mundo (ni siquiera entre los posteriores) no había conseguido ni tan solo una victoria frente al aspirante.

Capablanca se casó ese mismo año y continuó su racha de éxitos, aunque a partir de 1924 tuvo algunas malas actuaciones entrelazadas con resonantes victorias frente a los grandes jugadores de la época: Rubinstein, Nimzowitsch y Alekhine. Los tres retaron a Capablanca para el título mundial y, en principio, éste aceptó enfrentarse a los dos primeros; pero finalmente sólo lo hizo con Alekhine, que fue el único que consiguió reunir los 10.000 dólares que según las reglas en vigor (propuestas por el propio Capablanca), tenía que depositar el aspirante. Capablanca, que subestimó a Alekhine, perdió el encuentro con 3 victorias, 6 derrotas y 25 tablas, teniendo que ceder la corona al nuevo Campeón Mundial. Con posterioridad, Capablanca se estableció en París e intentó desesperadamente concertar un match de revancha, pero la depresión económica le impidió reunir los 10.000 dólares que él mismo había impuesto como requisito. Lo cierto, sin embargo, es que Alekhine siempre eludió enfrentarse de nuevo con Capablanca por el título mundial, quizás por que no estaba muy convencido de que volviera a ganarle.

Los siguientes 10 años estuvieron salpicados de constantes altibajos, ganando importantes torneos, pero haciendo resultados pobres en otros. En 1937 se divorció y al año siguiente se casó con una Princesa rusa. En 1939 consiguió sus últimos triunfos de importancia, participando con el equipo de Cuba en la Olimpiada de Buenos Aires.

El 7 de Marzo de 1942, y mientras presenciaba una partida en su querido Manhattan Chess Club, sufrió un infarto de corazón, falleciendo al día siguiente a la edad de 53 años. Fue el Campeón del Mundo que murió más joven. En 1951 Cuba lo homenajeó editando el primer sello de correos del mundo dedicado a un Campeón Mundial de ajedrez.

 

José Raúl Capablanca, la máquina del ajedrez, el querido de las señoras (según le llamaba Alekhine), el Playboy, el Genio (como también le denominaba Alekhine), fue efectivamente todo eso y mucho más. Si por una parte es cierta la afición que tenía por los flirteos, su extrema elegancia en el vestir, sus buenas maneras  y su extraordinario encanto personal para las damas, no es menos cierto que ha pasado a la historia como un genial jugador de ajedrez, considerado por todos como uno de los mejores de todos los tiempos. Creador del estilo posicional, fue inigualable en la conducción de los finales, faceta por la que fue, y es, universalmente admirado y reconocido. En 3 décadas de juego, sólo perdió 34 partidas, récord nunca alcanzado por ningún otro jugador. Publicó varios libros, entre los que destacan My Chess Career, Chess Fundamentals y A Primer of Chess. Editó una revista de ajedrez en Cuba desde 1912 hasta 1915 y protagonizó la película Chess Fever en 1925.

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